<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?> <?xml-stylesheet type="text/xsl" href="/rss20.xsl" media="screen"?> <rss xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" version="2.0"> <channel> <title>Cristal Secrets - libros</title> <description>Hasta lo más profundo de los deseos...         Cuando una puerta se cierra, otra se abre (Cervantes)</description> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/libros/</link> <lastBuildDate>Wed, 21 May 2008 18:02:38 -0500</lastBuildDate> <generator>blogSpirit.com</generator> <copyright>All Rights Reserved</copyright>  <item> <guid isPermaLink="true">http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/11/29/el-libro-del-hombre-de-osho.html</guid> <title>El Libro del Hombre de Osho</title> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/11/29/el-libro-del-hombre-de-osho.html</link> <author>noreply@blogspirit.com (Cristal)</author>   <category>Libros</category>   <pubDate>Wed, 29 Nov 2006 00:05:00 -0600</pubDate> <description> &lt;img src=&quot;http://cristalsecrets.blogspirit.com/images/large/hommesciel350.jpg&quot;border=&quot;0&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;El guerrero&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ser un guerrero no significa ser un soldado, es sólo una cualidad de la mente. Puedes ser un hombre de negocios y un guerrero; puedes ser un guerrero y un hombre de negocios.&lt;br /&gt;
«Hombre de negocios» significa una cualidad mental que está siempre regateando, tratando de dar menos y sacar más. Eso es lo que quiero decir cuando uso la palabra «hombre de negocios»: tratar de dar menos por más, siempre regateando, siempre pensando en el beneficio. Un guerrero es de nuevo una cualidad mental, la cualidad del jugador, la cualidad de poder arriesgar todo de esta manera o de la otra, no la de uno que regatea; una mente que no transige.&lt;br /&gt;
Si un hombre de negocios piensa en la iluminación, piensa en ella como una ventaja más. Tiene una lista: tiene que construir un gran palacio, tiene que comprar esto y aquello, y al final tiene que comprar además la iluminación. Pero la iluminación está siempre en último lugar: cuando ya está todo hecho, entonces; cuando ya no queda nada por hacer, entonces. Y esa iluminación también la tiene que comprar porque él sólo entiende de dinero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió que un hombre importante y rico llegó a Mahavira. Era verdaderamente muy rico; podía comprar cualquier cosa, incluso reinos. Hasta los reyes le pedían dinero prestado.&lt;br /&gt;
Llegó a Mahavira y le dijo:&lt;br /&gt;
-He oído hablar tanto de la meditación y durante el tiempo que has estado aquí has creado una moda entre mi gente; todo el mundo está hablando de meditación. ¿Qué es la meditación? ¿Cuánto cuesta, y dónde puedo comprarla?&lt;br /&gt;
Mahavira dudó; entonces el hombre dijo:&lt;br /&gt;
-No te preocupes en absoluto por el precio. Simplemente dímelo y yo lo pagaré; no hay ningún problema.&lt;br /&gt;
¿Cómo explicárselo a este hombre? Mahavira no sabía qué decirle. Finalmente, Mahavira dijo:&lt;br /&gt;
-Ve... En tu ciudad hay un hombre, un hombre muy pobre; quizá él esté dispuesto a vender su meditación. Él ha llegado, y es tan pobre que podría estar dispuesto a venderla.&lt;br /&gt;
El hombre dio las gracias a Mahavira, fue corriendo a ver al hombre pobre, llamó a su puerta y le dijo:&lt;br /&gt;
-¿Cuánto pides por tu meditación? Quiero comprar tu meditación.&lt;br /&gt;
El hombre se echó a reír. Le dijo:&lt;br /&gt;
-Me puedes comprar a mí, de acuerdo. Pero, ¿cómo puedo darte mi meditación? Es una cualidad de mi ser, no es una mercancía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero los hombres de negocios siempre han pensado de esta manera. Hacen donaciones para comprar algo, crean templos para comprar algo. Dan, pero su dar no es nunca un dar; es siempre para conseguir algo, es una inversión.&lt;br /&gt;
Cuando te digo que seas un guerrero, quiero decir que seas un jugador, que lo arriesgues todo. Entonces la iluminación se convierte en un asunto de vida o muerte, no en una mercancía, y estás dispuesto a perder todo por ella. Y no estás pensando en el beneficio.&lt;br /&gt;
La gente viene a mí y me pregunta: «¿Qué vamos a ganar con la meditación? ¿Qué propósito tiene? Si le dedicamos una hora a la meditación, ¿cuál será el beneficio?» Toda su vida es economía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un guerrero no va detrás del beneficio; un guerrero va buscando alcanzar un clímax, una experiencia culminante. ¿Qué hace el guerrero cuando lucha en la guerra? Vuestros soldados han dejado de ser guerreros, son sólo funcionarios. Los guerreros han abandonado esta tierra porque todo este asunto se resuelve ahora con tecnología. Tiras un bomba en Hiroshima; el piloto no es un guerrero. Lo podría hacer hasta un niño, cualquier loco lo podría hacer; de hecho, sólo un loco puede hacerlo. Tirar la bomba en Hiroshima no es ser un luchador o un guerrero.&lt;br /&gt;
La guerra ya no es lo que era en el pasado; ahora puede hacerlo cualquiera, y antes o después lo harán sólo con dispositivos mecánicos. Puede hacerlo un avión sin piloto; y el avión no es un guerrero. La cualidad se ha perdido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El guerrero se enfrentaba, se encontraba con el enemigo cara a cara. Imagina a dos personas con las espadas desenvainadas frente a frente: ¿pueden pensar? Si piensan serán derrotados. El pensamiento se detiene; cuando las espadas están en alto el pensamiento se detiene. No pueden planear porque si planean en ese momento, el otro golpeará. Se mueven espontáneamente, se convierten en no mentes. El peligro es tan grande, la posibilidad de morir está tan cerca, que no se le puede permitir funcionar a la mente. La mente necesita tiempo; en las emergencias la mente no puede funcionar. Cuando estás sentado en tu silla puedes pensar, pero cuando estás frente al enemigo no puedes pensar.&lt;br /&gt;
Si vas por una calle, una calle oscura, y de repente ves una serpiente, una serpiente peligrosa allí sentada, ¿qué harás? ¿Te pondrás a pensar? No, darás un salto. Y ese salto no vendrá de tu mente porque tu mente necesita tiempo, y las serpientes no tienen tiempo; no tienen mente. La serpiente te atacará, por eso no puedes dejar que entre la mente. Cuando estás frente a la serpiente saltas, y ese salto viene de tu ser; llega antes que el pensamiento. Primero saltas y luego piensas. </description>  </item>  <item> <guid isPermaLink="true">http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/11/01/viaje-a-ixtlán-de-carlos-castaneda.html</guid> <title>Viaje a Ixtlán de Carlos Castaneda</title> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/11/01/viaje-a-ixtlán-de-carlos-castaneda.html</link> <author>noreply@blogspirit.com (Cristal)</author>   <category>Libros</category>   <pubDate>Wed,  1 Nov 2006 00:05:00 -0600</pubDate> <description> &lt;img src=&quot;http://cristalsecrets.blogspirit.com/images/large/mort350.jpg&quot;border=&quot;0&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Me enseñará usted algún día lo que sabe del peyote? -pregunté.&lt;br /&gt;
Él no respondió y, como había hecho antes, se limitó a mirarme como si yo estuviera loco.&lt;br /&gt;
Le había mencionado el tema, en conversación casual, varias veces anteriores, y en cada ocasión arrugó el ceño y meneó la cabeza. No era un gesto afirmativo ni negativo; más bien expresaba desesperanza e incredulidad.&lt;br /&gt;
Se puso en pie abruptamente. Habíamos estado sentados en el piso frente a su casa. Una sacudida casi imperceptible de cabeza fue la invitación a seguirlo.&lt;br /&gt;
Entramos en el chaparral, caminando más o menos hacia el sur. Durante la marcha, don Juan mencionó repetidamente que yo debía darme cuenta de lo inútiles que eran mi arrogancia y mi historia personal.&lt;br /&gt;
- Tus amigos -dijo volviéndose de pronto hacia mí-. Esos que te han conocido durante mucho tiempo: debes ya dejar de verlos.&lt;br /&gt;
Pensé que estaba loco y que su insistencia era idiota, pero no dije nada. Él me escudriñó y echó a reír.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras una larga caminata nos detuvimos. Estaba a punto de sentarme a descansar, pero él me dijo que fuera a unos veinte metros de distancia y hablara, en voz alta y clara, a un grupo de plantas. Me sentí incómodo y aprensivo. Sus extrañas exigencias eran más de lo que yo podía soportar, y le dije nuevamente que no me era posible hablar a las plantas, porque me sentía ridículo. Su único comentario fue que me daba yo una importancia inmensa. Pareció hacer una decisión súbita, y dijo que yo no debía tratar de hablar a las plantas hasta que me sintiera cómodo y natural al respecto.&lt;br /&gt;
- Quieres aprender todo lo de las plantas, pero no quieres trabajar para nada -dijo, acusador-. ¿Qué te propones?&lt;br /&gt;
Mi explicación fue que yo deseaba información fidedigna sobre los usos de las plantas; por eso le había pedido ser mi informante. Incluso había ofrecido pagarle por su tiempo y por la molestia.&lt;br /&gt;
-Debería usted aceptar el dinero -dije-. En esta forma los dos nos sentiríamos mejor. Yo, entonces, podría preguntarle lo que quisiera, porque usted trabajaría para mí y yo le pagaría. ¿Qué le parece?&lt;br /&gt;
Me miró con desprecio y produjo con la boca un ruido majadero, exhalando con gran fuerza para hacer vibrar su labio inferior y su lengua.&lt;br /&gt;
-Eso es lo que me parece -dijo, y rió histéricamente de la expresión de sorpresa absoluta que debo haber tenido en el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obviamente, no era un hombre con el que yo pudiera vérmelas fácilmente. Pese a su edad, estaba lleno de entusiasmo y de una fuerza increíble. Yo había tenido la idea de que, por ser tan viejo, resultaría un &quot;informante&quot; perfecto. La gente vieja, se me había hecho creer, era la mejor informante porque se hallaba demasiado débil para hacer otra cosa que no fuese hablar. Don Juan, en cambio, era un pésimo sujeto. Yo lo sentía incontrolable y peligroso. El amigo que nos presentó tenía razón. Era un indio viejo y excéntrico, y aunque no se halla perdido de borracho la mayor parte del tiempo, como mi amigo había dicho, la cosa era peor aún: estaba loco. Sentí renacer las tremendas dudas y temores que había experimentado antes. Creía haber superado eso. De hecho, no tuve ninguna dificultad para convencerme de que deseaba visitarlo nuevamente. Sin embargo, la idea de que acaso yo mismo estaba algo loco se coló en mi mente cuando advertí que me gustaba estar con él. Su idea de que mi sentimiento de importancia era un obstáculo, me había producido un verdadero impacto. Pero todo eso era al parecer un mero ejercicio intelectual por parte mía; apenas me hallaba cara a cara con su extraña conducta, empezaba a experimentar aprensión y deseaba irme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dije que éramos tan distintos que, pensaba, no había posibilidad de llevarnos bien.&lt;br /&gt;
- Uno de nosotros tiene que cambiar -dijo él, mirando el suelo-. Y tú sabes quién.&lt;br /&gt;
Empezó a tararear una canción ranchera y, de repente, alzó la cabeza para mirarme, Sus ojos eran fieros y ardientes. Quise apartar los míos o cerrarlos, pero para mi completo asombro no pude zafarme de su mirada.&lt;br /&gt;
Me pidió decirle lo que había visto en sus ojos. Dije que no vi nada, pero él insistió en que yo debía dar voz a aquello de lo que sus ojos me habían hecho darme cuenta. Pugné por hacerle entender que sus ojos no me daban conciencia más que de mi desazón, y que la forma en que me miraba era muy incómoda.&lt;br /&gt;
No me soltó. Mantuvo la mirada fija. No era declaradamente maligna ni amenazante; era más bien un mirar misterioso pero desagradable.&lt;br /&gt;
Me preguntó si no me recordaba un pájaro.&lt;br /&gt;
- ¿Un pájaro? -exclamé.&lt;br /&gt;
Soltó una risita de niño y apartó sus ojos de mí.&lt;br /&gt;
-Sí -dijo con suavidad-. ¡Un pájaro, un pájaro muy raro! </description>  </item>  <item> <guid isPermaLink="true">http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/09/21/psicomagia-de-alejandro-jodorowsky.html</guid> <title>Psicomagia de Alejandro Jodorowsky</title> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/09/21/psicomagia-de-alejandro-jodorowsky.html</link> <author>noreply@blogspirit.com (Cristal)</author>   <category>Libros</category>   <pubDate>Thu, 21 Sep 2006 00:05:00 -0500</pubDate> <description> &lt;img src=&quot;http://cristalsecrets.blogspirit.com/images/large/suenoluc350.jpg&quot;border=&quot;0&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo tuve la suerte de tener mi primer sueño lúcido a los diecisiete años. En ese sueño yo estaba en un cine en el que se proyectaba una película de dibujos animados digna de Dalí. De pronto me vi sentado en el centro de la sala y supe que estaba soñando. Miré hacia la salida, pero, como no era más que un adolescente carente de toda cultura espiritual o psicoanalítica, pensé: “Si cruzo esa puerta, entraré en otro mundo y moriré”, ¡Y sentí pánico! Mi única solución era despertarme, por lo que hice enormes esfuerzos para salir del sueño, hasta el momento en que sentí que ascendía desde las profundidades hacia mi cuerpo, que parecía estar situado en la superficie. Me reintegré a mi envoltura y desperté. Así fue mi primera experiencia, y me pareció francamente aterradora. A partir de entonces empecé a familiarizarme poco a poco con el sueño lúcido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En algún punto comencé dirigiendo un juego. Me decía: “Quiero ver pasar elefantes en África”. Y a los pocos segundos estaba en África, viendo pasar una manada de elefantes. Podía cambiar de decorado, desear ir al Polo Sur y luego ver miles de pingüinos... Esto me producía tanta felicidad que acababa por despertarme. Después he experimentado todo tipo de vivencias sobre mí mismo. Una vez quise saber qué era morir: me arrojé desde lo alto de un edificio y me estrellé contra el suelo. Inmediatamente, me encontré vivo en otro cuerpo, entre la multitud que miraba el cadáver del suicida. Así descubrí que el cerebro desconoce la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra ves decidí dejarme poseer por un dios mítico... Después me dediqué a realizar deseos no alcanzados en el estado de vigilia, especialmente deseos sexuales, por supuesto... En sueños me entregué a orgías fantásticas con mujeres semihumanas, semipanteras... Aquí quisiera insistir en un punto: antes de lograr el sueño lúcido, en el que yo controlaba las imágenes, tenía que vencer una serie de obstáculos que aparecían como otras tantas pruebas de iniciación. Sólo una vez superados merecía el derecho de ser dueño y señor de mis sueños. Este pasaje, extraído de mi cuaderno, muestra bien este aspecto del proceso: &lt;br /&gt;
“Estoy en un mundo industrial, sin naturaleza, únicamente compuesto por inmuebles. Es una frontera, no tengo documentos de identidad. Tres soldados me impiden el paso. Salto la barrera y echo a correr, perseguido por los militares. Tras abrir las puertas de un garage, me encuentro frente a un pozo de miles de kilómetros de profundidad. Al borde de ese abismo, me doy cuenta de que estoy soñando. Los perseguidores han dejado de existir. Decido arrojarme al fondo, sabiendo ya que nada puede ocurrirme. Salto y caigo a gran velocidad. No siento miedo. Siento el deseo de detener la caída. La caída cesa. En la pared aparece una puerta. Entro y ahora estoy en el pórtico de una catedral. Comprendo que tengo el poder mágico de hacer surgir ante mis ojos lo que yo quiera. Entonces siento el deseo de realizar una experiencia erótica. Creo tres mujeres-bestia, mitad panteras, mitad hembras humanas, que están en cuclillas o a cuatro patas. Beso a una en la boca, y sus labios largos parecen ninfas de vulva. Pruebo a introducirles mi dedo índice en el ano, bajo la cola. Poseo a una mientras las otras me arañan de modo agradable y trato de llegar a un orgasmo. Pero inevitablemente dejo de estar lúcido, y el sueño me absorbe y, finalmente, se transforma en pesadilla. Despierto con palpitaciones...” </description>  </item>  <item> <guid isPermaLink="true">http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/09/03/relatos-de-poder-de-carlos-castaneda.html</guid> <title>Relatos de Poder de Carlos Castaneda</title> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/09/03/relatos-de-poder-de-carlos-castaneda.html</link> <author>noreply@blogspirit.com (Cristal)</author>   <category>Libros</category>   <pubDate>Sun,  3 Sep 2006 00:05:00 -0500</pubDate> <description> &lt;img src=&quot;http://cristalsecrets.blogspirit.com/images/large/papi350.jpg&quot;border=&quot;0&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;em&gt;Si las puertas de la percepción quedaran depuradas, todo&lt;br /&gt;
se habría de mostrar al hombre tal cual es: infinito.&lt;br /&gt;
William Blake&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Foto: Floriana Barbu&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ruido súbito interrumpió su regocijo. Oí un extraño sonido grave, como golpeteó sobre madera, procedente del chaparral. Don Juan echó la mandíbula hacia adelante, haciéndome seña de permanecer alerta.&lt;br /&gt;
Esa es la polilla que te llama  dijo en un tono carente de emoción.&lt;br /&gt;
Me levanté de un salto. El sonido cesó instantáneamente. Miré a don Juan en busca de una explicación. Él hizo un gesto cómico de impotencia, alzando los hombros.&lt;br /&gt;
- Todavía no has cumplido con tu cita, añadió.&lt;br /&gt;
Le dije que me sentía indigno, y que tal vez debiera irme a casa y regresar cuando tuviera más fuerza.&lt;br /&gt;
- Esas son idioteces, repuso, cortante. Un guerrero toma su suerte, sea la que sea, y la acepta con la máxima humildad. Se acepta con humildad así como es, no como base para lamentarse, sino como base para su lucha y su desafío.&lt;br /&gt;
&quot;Nos demoramos mucho para comprender eso y vivirlo por entero. Yo, por ejemplo, odiaba mencionar la palabra humildad. Soy un indio, y los indios siempre hemos sido humildes y no hemos hecho nada más que agachar la cabeza. Yo pensaba que la humildad no tenía nada que ver con el camino del guerrero. ¡Me equivocaba! Ahora sé que la humildad del guerrero no es la humildad del pordiosero. El guerrero no agacha la cabeza ante nadie, pero, al mismo tiempo, tampoco permite que nadie agache la cabeza ante él. En cambio, el pordiosero a la menor provocación pide piedad de rodillas y se echa al suelo a que lo Pise cualquiera a quien considera más encumbrado; pero al mismo tiempo, exige que alguien más bajo que él le haga lo mismo.&lt;br /&gt;
&quot;Por eso te dije hace rato que no entiendo lo que debe sentir un maestro. Yo sólo conozco la humildad del guerrero, y eso jamás me permitirá ser el amo de nadie.&quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guardamos silencio unos momentos. Sus palabras me habían causado una profunda agitación. Me conmovían, y al mismo tiempo me preocupaba lo presenciado en el matorral. Mi evaluación consciente era que don Juan me ocultaba cosas y que debía saber lo que realmente estaba ocurriendo.&lt;br /&gt;
Me hallaba envuelto en tales deliberaciones cuando el mismo extraño golpeteo dispersó mis pensamientos con una sacudida. Don Juan sonrió y luego empezó a reír por lo bajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Te gusta la humildad del pordiosero  dijo suavemente. Agachas la cabeza ante la razón.&lt;br /&gt;
- Siempre pienso que me están engañando, dije. Ése es el punto de mi problema.&lt;br /&gt;
- Tienes razón. Te están engañando, repuso con una sonrisa encantadora. Eso no puede ser tu problema. El verdadero punto del asunto es que sientes que soy yo el que te está mintiendo, ¿no es así?&lt;br /&gt;
- Sí. Algo en mi no me permite creer que lo que está ocurriendo sea real.&lt;br /&gt;
- Otra vez tienes razón. Nada de lo que está ocurriendo es real.&lt;br /&gt;
- ¿Qué quiere usted decir, don Juan?&lt;br /&gt;
 Las cosas son reales sólo cuando uno ha aprendido a estar de acuerdo de que son reales. Lo que sucedió esta noche, por ejemplo, no puede de ninguna manera ser real para ti, porque nadie podría este, de acuerdo contigo en ese respecto.&lt;br /&gt;
- ¿Quiere decir que usted no vio lo que ocurría?&lt;br /&gt;
- Claro que sí. Pero yo no cuento. Yo soy el que te está mintiendo, ¿recuerdas? </description>  </item>  <item> <guid isPermaLink="true">http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/03/13/el-libro-de-la-nada-de-osho.html</guid> <title>El Libro de la Nada de Osho</title> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/03/13/el-libro-de-la-nada-de-osho.html</link> <author>noreply@blogspirit.com (Cristal)</author>   <category>Libros</category>   <pubDate>Mon, 13 Mar 2006 00:05:00 -0600</pubDate> <description> &lt;img src=&quot;http://cristalsecrets.blogspirit.com/images/large/osho350.jpg&quot;border=&quot;0&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La realidad está justo ahí, siempre esperando cerca de tu corazón, cerca de tus ojos, cerca de tus manos. Puedes tocarla, puedes sentirla, puedes vivirla, pero no puedes «pensarla». Se puede ver, se puede sentir, se puede tocar; pero no se puede «pensar». Intenta entender la naturaleza del pensamiento. El pensamiento siempre es acerca de, nunca es directo. Puedes ver la realidad, pero si piensas en ella tendrá que ser acerca de y ese «acerca de» es la trampa, porque cuando piensas acerca de algo ya te has alejado de ello. «Acerca de» quiere decir indirectamente. «Acerca de» quiere decir que no verás la flor aquí y ahora, que pensarás acerca de ella, y ese «acerca de» se convertirá en una barrera. A través de este «acerca de» nunca llegarás a esta flor.&lt;br /&gt;
Ver es algo directo, tocar es algo directo; pero pensar es algo indirecto. Es por eso que el pensar no toca la realidad. Un amante puede conocer la realidad, hasta un bailarín puede conocerla, un cantante puede sentirla, pero un pensador sigue sin tocarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He oído acerca de un filósofo judío. Era un campesino ordinario pero muy filosófico. Se llamaba Yossel. Pensaba acerca de todo, como suelen hacer los filósofos. Le era muy difícil hacer nada porque el pensar llenaba todo su tiempo, y cuando por fin estaba listo ya había pasado la oportunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez fue al mercado de una aldea cercana para vender su trigo. Le dijo a su esposa: «En cuanto haya vendido el trigo, te mandaré un telegrama». Vendió el trigo obteniendo una gran ganancia, y luego fue a mandar el telegrama; entró en la oficina de correos, rellenó el impreso de envío y empezó a pensar en qué poner.&lt;br /&gt;
Escribió: «Trigo vendido provechosamente. Llego mañana. Amor y besos, Yossel».&lt;br /&gt;
Entonces empezó a reflexionar y pensó: «Mi esposa se va a creer que me he vuelto loco. ¿Por qué &quot;provechosamente&quot;? ¿Acaso vendería el trigo con pérdidas?». Así que tachó la palabra &quot;provechosamente&quot;. Entonces se preocupó más aún porque, si había cometido un error con una palabra, puede que hubiera cometido otros errores. Así que volvió a leerlo todo parándose a pensar en cada palabra. Y pensó: «¿Por qué poner: &quot;Llego mañana&quot;? ¿Acaso voy a regresar el mes que viene? ¿El año que viene? Ella ya sabe que voy a regresar tan pronto como haya vendido el trigo». Así que tachó las palabras &quot;llego mañana&quot;.&lt;br /&gt;
Más tarde pensó: «Mi esposa también sabe que he venido a vender el trigo, ¿entonces para que escribir: &quot;Trigo vendido&quot;? Y también tachó eso.&lt;br /&gt;
Entonces se echó a reír y dijo: «Le estoy escribiendo a mi propia esposa, ¿para qué le voy a poner &quot;amor y besos&quot;? ¿Acaso le estoy escribiendo a la esposa de otro? ¿Acaso es su cumpleaños o algo por estilo?». Y también tachó eso.&lt;br /&gt;
Ya sólo quedaba su nombre: Yossel. Y se dijo a sí mismo: «¿Yossel, te has vuelto loco? Tu mujer ya sabe tu nombre». Así que rompió el telegrama, contento de haberse ahorrado un dinerillo y algunas palabras sin sentido.&lt;br /&gt;
Pero así es como son las cosas: si vas pensando «acerca de», te pierdes la vida entera; poco a poco vas tachándolo todo. Y al final hasta tú acabas tachado; no solamente quedan tachadas las palabras, sino que al final hasta tú quedas tachado. El pensar se convierte en humo; todo se vuelve humo y se acaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacer algo se vuelve imposible; ni siquiera puedes mandar un telegrama. La acción se vuelve imposible porque es algo directo, y el pensar es algo indirecto. Nunca se encuentran.&lt;br /&gt;
Este es el problema que hay en el mundo. La gente que piensa, nunca actúa; y los que no piensan, actúan. El mundo es un caos. Los estúpidos continúan actuando porque nunca piensan, se meten de cabeza en todo. Los Hitlers, los Napoleones, los Maos, siempre están haciendo cosas, y la gente sabia, los llamados pensadores (Aristóteles, o Kant, o Hegel), siempre están pensando y nunca hacen nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El problema para un hombre que busca la realidad es cómo parar el círculo vicioso del pensar y aun así ser consciente. Porque los estúpidos tampoco piensan, pero no son conscientes. Sé consciente; la energía que va al pensar tiene que volverse consciencia. La consciencia que se mueve en un círculo vicioso al pensar tiene que conservarse, tiene que purificarse. El pensar tiene que parar, el girar de la consciencia tiene que parar, pero la consciencia no. La consciencia tiene que cristalizarse y la acción tiene que permanecer, la acción no debe parar.&lt;br /&gt;
Al unir la consciencia y la acción inmediatamente alcanzas la realidad. Y no sólo tú, sino que crearás una situación en la que otros también podrán encontrar la realidad. Te convertirás en el ambiente, en el clima alrededor del cual las cosas empezarán a ocurrir. Esto es lo que ocurrió con Buda, con Sosan, con Chuang Tzu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recuerda: la acción es buena; el pensar es un círculo vicioso, nunca te lleva a ninguna parte. Así que hay que dejar de pensar pero no de actuar. Hay gente que continuará pensando; dejará de hacer. Eso es lo que ocurre cuando una persona renuncia a la vida, se va a la selva, a los Himalayas. Renuncia a la acción, no al pensar. Renuncia al mundo en el que se necesita la acción. Renuncia a la propia realidad, porque es a través de la acción que te pones en contacto con la realidad. Ver es una acción, moverse es una acción, danzar es una acción, pintar es una acción. Cuando haces cualquier cosa, sea lo que sea, te pones en contacto con la realidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tienes que volverte cada vez más sensible en tu hacer. No hay que renunciar a la acción; la acción tiene que estar totalmente presente, porque ese es el puente a través del cual tú te mueves en la realidad y la realidad se mueve en ti. Intenta comprenderlo, porque esto es algo muy básico; básico para mí: renuncia al pensar, no renuncies a la acción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay gente que piensa y piensa, hay gente que renuncia a actuar. ¿Pero qué van a hacer en los Himalayas? Allí toda la energía, al no ser usada en la acción, se irá al pensamiento. Se harán grandes filósofos. Pero la filosofía es una tierra de tontos; se vive en palabras, no en realidades. El amor desaparece, sólo queda la palabra «amor». Dios desaparece; porque él estaba en los campos, en el mercado, en el mundo, y ahora tan sólo queda la palabra «Dios». Las acciones desaparecen y sólo quedan los conceptos. Tu cabeza se convierte en todo tu ser.&lt;br /&gt;
Evítalo. Nunca renuncies a la acción, renuncia solamente al pensar. Pero si renuncias al pensar cabe la posibilidad de que te vuelvas inconsciente o de que te conviertas en un estúpido. Puede que empieces a hacer cualquier cosa, puesto que ahora no sabes qué hacer y tampoco piensas. Puedes volverte loco. Uno tiene que renunciar a pensar, pero no tiene que hacerse menos consciente, más inconsciente. Al contrario, tienes que hacerte más consciente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esto consiste todo el arte de la meditación: en cómo estar totalmente en la acción, cómo renunciar al pensar, cómo convertir en consciencia la energía que se empleaba en pensar.&lt;br /&gt;
Va a ser algo muy delicado y sutil, porque si das un sólo paso en falso caerás en la ignorancia infinita. </description>  </item>  <item> <guid isPermaLink="true">http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/03/06/narciso-y-goldmundo-de-hermann-hesse.html</guid> <title>Narciso y Goldmundo de Hermann Hesse</title> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/03/06/narciso-y-goldmundo-de-hermann-hesse.html</link> <author>noreply@blogspirit.com (Cristal)</author>   <category>Libros</category>   <pubDate>Mon,  6 Mar 2006 00:05:00 -0600</pubDate> <description> &lt;img src=&quot;http://cristalsecrets.blogspirit.com/images/large/narcisse350.jpg&quot;border=&quot;0&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante largo tiempo los intentos de asedio de Narciso fueron impotentes para penetrar el secreto de Goldmundo. Durante largo tiempo se esforzó, al parecer en vano, por despertarlo, por enseñarle el lenguaje en que podía comunicarse ese secreto.&lt;br /&gt;
Lo que el amigo le había referido sobre su origen y su patria no suscitó imagen alguna. Aparecía en sus relatos un padre envuelto en sombras, impreciso pero venerado, y, luego, el recuerdo de una madre desaparecida o muerta que no era sino un pálido nombre. Poco a poco, Narciso, diestro en leer en las almas, llegó a descubrir que su amigo pertenecía a ese tipo de hombres en que se ha borrado una parte de su vida, que, bajo el peso de alguna desgracia o hechizo, debieron resignarse a olvidar una porción de su pasado. Comprendía que, en este caso, el mero preguntar y aconsejar no valía de nada; y comprendía también que había confiado con exceso en el poder de la razón y que había hablado mucho en vano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No era, en cambio, vano el amor que le unía al amigo y la costumbre de estar a menudo con él. A pesar de la profunda diferencia de sus caracteres, habían aprendido mucho el uno del otro: gradualmente, había ido naciendo entre ellos, junto al lenguaje de la razón, un lenguaje espiritual y de signos, al modo como entre dos moradas puede haber una calle por la que pasan los carruajes y los jinetes pero aparte de la cual surgen muchos pequeños caminos de recreo, caminos laterales, caminos ocultos: caminitos de niños, sendas para enamorados, caminos apenas perceptibles de perros y gatos. Paso a paso, la viva fantasía de Goldmundo había ido penetrando, a través de varios caminos mágicos, en los pensamientos del amigo y en su lenguaje, y Narciso, por su parte, había llegado a entender y sentir sin palabras el genio y modo de ser de Goldmundo. A la lumbre del amor maduraban lentamente nuevos vínculos entre las dos almas y sólo después vinieron las palabras. Y así cierta vez, un día de asueto, en la biblioteca, inesperadamente, hubo entre los amigos una conversación que los situó de repente en el centro del problema de la esencia y sentido de su amistad y que proyectó luces nuevas a gran distancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquella sazón hablaron de astrología, que en el convento no se cultivaba y estaba prohibida, y Narciso dijo que la astrología era una tentativa para introducir orden y sistema en la considerable diversidad de tipos de hombres, destinos y vocaciones. En este punto intervino Goldmundo:&lt;br /&gt;
—Tú siempre estás hablando de diferencias, en tal manera que, poco a poco, he llegado a la conclusión de que esa es tu más peculiar característica. Cuando hablas de la gran diferencia que, por ejemplo, hay entre tú y yo, tengo la impresión de que la diferencia existe únicamente en tu extraña manía de buscar diferencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Narciso:&lt;br /&gt;
—Acabas de dar en el clavo. La verdad es que para ti las diferencias no tienen mayor importancia, en tanto que a mí me parecen lo único importante. Soy, por mi misma esencia, un erudito, mi vocación es la ciencia. Y la ciencia, para citar tus propias palabras, no es otra cosa sino la manía de buscar diferencias. No pudiera definirse mejor su esencia. Para nosotros, los hombres de ciencia, nada hay más importante que establecer distinciones; la ciencia es el arte de la diferenciación. Así, por ejemplo, conocer a un individuo es descubrir en él aquellas notas que lo distinguen de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Goldmundo:&lt;br /&gt;
—Perfectamente. El uno calza zuecos y es labriego, y el otro lleva en la cabeza una corona y es rey. Esas son, evidentemente, diferencias. Pero hasta los niños las advierten sin necesidad de ciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Narciso:&lt;br /&gt;
—Mas si el labriego y el rey llevan iguales vestidos, el niño ya no acierta a distinguirlos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Goldmundo:&lt;br /&gt;
—Y la ciencia tampoco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Narciso:&lt;br /&gt;
—Quizá sí. No es más sagaz que el niño, conforme, pero tiene más paciencia; no se atiene exclusivamente a las señales más externas y groseras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Goldmundo:&lt;br /&gt;
—Eso lo hace también todo niño inteligente. Descubrirá al rey por la mirada o el porte. En fin, para decirlo con pocas palabras: Vosotros los eruditos sois unos orgullosos y siempre nos tenéis por tontos a los demás. Se puede ser muy inteligente sin necesidad de ciencia alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Narciso:&lt;br /&gt;
—Me alegra que empieces a verlo. Y pronto verás también que no me refiero a la inteligencia cuando hablo de la diferencia que existe entre tú y yo. Yo no digo: tú eres más inteligente o más tonto, mejor o peor. Digo tan sólo que eres distinto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Goldmundo:&lt;br /&gt;
—Eso es fácil de entender. Pero tú no hablas solamente de diferencias de los rasgos externos sino a menudo también de diferencias del destino, de la vocación. ¿Por qué, por ejemplo, habría de ser tu vocación distinta de la mía? Como yo, eres cristiano, estás decidido a seguir la vida del claustro y eres hijo del buen Padre que está en los cielos. Tenemos el mismo fin: la dicha eterna. Nuestra vocación es la misma: retornar a Dios. </description>  </item>  <item> <guid isPermaLink="true">http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/02/27/a-orillas-del-río-piedra-me-sente-y-llore-de-paolo-coelho.html</guid> <title>A orillas del río Piedra me senté y lloré de Paolo Coelho</title> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/02/27/a-orillas-del-río-piedra-me-sente-y-llore-de-paolo-coelho.html</link> <author>noreply@blogspirit.com (Cristal)</author>   <category>Libros</category>   <pubDate>Mon, 27 Feb 2006 00:05:00 -0600</pubDate> <description> &lt;img src=&quot;http://cristalsecrets.blogspirit.com/images/large/chant350.jpg&quot;border=&quot;0&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El amor está lleno de trampas. Cuando quiere manifestarse, muestra apenas su luz, y no nos permite ver las sombras que esa luz provoca.&lt;br /&gt;
— Mira la tierra a nuestro alrededor —dijo—. Vamos a acostarnos en el suelo, a sentir los latidos del corazón del planeta.&lt;br /&gt;
— Más adelante —respondí—. No puedo ensuciar la única chaqueta que traje.&lt;br /&gt;
Caminamos a través de los olivares. Después de la lluvia del día anterior en Bilbao, el sol de la mañana me producía una sensación de sueño. Yo no tenía gafas oscuras: como pensaba regresar a Zaragoza el mismo día, no había traído nada. Tuve que dormir con una camisa que él me prestó, y compré una camiseta en la esquina del hotel para, al menos, poder lavar la que estaba usando.&lt;br /&gt;
— Debes de estar asqueado de verme con la misma ropa—dije, bromeando, para ver si un asunto tan banal me traía de vuelta a la realidad.&lt;br /&gt;
— Yo estoy feliz porque tú estás aquí.&lt;br /&gt;
No había vuelto a hablar de amor desde que me había entregado la medalla, pero estaba de buen humor, y parecía que había vuelto a los dieciocho años. Andaba a mi lado, sumergido también en la claridad de esa mañana.&lt;br /&gt;
— ¿Qué tienes que hacer allí? —pregunté, señalando las montañas de los Pirineos, en el horizonte.&lt;br /&gt;
— Detrás de aquellas montañas está Francia —respondió, sonriendo.&lt;br /&gt;
— Yo estudié geografía. Sólo quiero saber por qué tenemos que ir hasta allí.&lt;br /&gt;
Él se quedó un rato callado, sonriendo apenas.&lt;br /&gt;
— Para que veas una casa. Quien sabe se interesa por ella.&lt;br /&gt;
— Si estás pensando en convertirte en agente inmobiliario, olvídalo. No tengo dinero.&lt;br /&gt;
A mí tanto me daba ir a un pueblo de Navarra como a Francia. Lo único que no quería era pasar los días de fiesta en Zaragoza.&lt;br /&gt;
«¿Te das cuenta? —oí que le decía mi cerebro a mi corazón—. Estás contenta de haber aceptado la invitación. Has cambiado, y no lo percibes.»&lt;br /&gt;
No, no cambié nada. Sólo me aflojé un poco.&lt;br /&gt;
— Fíjate en las piedras del suelo.&lt;br /&gt;
Eran redondas, sin aristas. Parecían guijarros marinos. Aunque el mar nunca había estado allí, en los campos de Navarra.&lt;br /&gt;
— Los pies de los trabajadores, los pies de los peregrinos, los pies de los aventureros moldearon estas piedras—dijo él—. Las piedras cambiaron, y también los viajeros.&lt;br /&gt;
— Todo lo que sabes ¿te lo enseñaron los viajes?&lt;br /&gt;
— No. Fueron los milagros de la Revelación.&lt;br /&gt;
No entendí, y no intenté profundizar. Estaba concentrada en el sol, en el campo, en las montañas del horizonte.&lt;br /&gt;
— ¿Hacia dónde vamos ahora? —pregunté.&lt;br /&gt;
— Hacia ningún lugar. Estamos aprovechando la mañana, el sol, el bello paisaje. Tenemos por delante un largo viaje en coche.&lt;br /&gt;
Vaciló un instante, y luego preguntó:&lt;br /&gt;
— ¿Guardaste la medalla?&lt;br /&gt;
— La guardé —dije, y empecé a caminar más rápido. No quería que tocase ese tema: podía estropear la alegría y la libertad de esa mañana.&lt;br /&gt;
Aparece un pueblo. Está, como las ciudades medievales, en la cima de un morro, y veo, a la distancia, la torre de su iglesia y las ruinas de un castillo.&lt;br /&gt;
— Vamos hasta allí —sugiero.&lt;br /&gt;
Él duda un instante, pero acepta. Hay una capilla en el camino, y tengo deseos de entrar en ella. Ya no sé rezar, pero el silencio de las iglesias me tranquiliza siempre.&lt;br /&gt;
«No te sientas culpable —me digo—. Si él está enamorado es problema suyo.»&lt;br /&gt;
Preguntó por la medalla. Sé que esperaba que volviésemos a la conversación del café. Al mismo tiempo, tenía miedo de escuchar lo que no quería oír; por eso no tomaba la iniciativa y no tocaba el tema.&lt;br /&gt;
Quizá me amara realmente. Pero conseguiríamos transformar ese amor en algo diferente, en algo más profundo.&lt;br /&gt;
«Ridículo —pensé—. No existe nada más profundo que el amor. En los cuentos infantiles, las princesas besan a los sapos, que se transforman en príncipes. En la vida real, las princesas besan a los príncipes, que se transforman en sapos.» </description>  </item>  <item> <guid isPermaLink="true">http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/02/20/el-crepúsculo-de-los-hombres-de-satprem.html</guid> <title>El Crepúsculo de los Hombres de Satprem</title> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/02/20/el-crepúsculo-de-los-hombres-de-satprem.html</link> <author>noreply@blogspirit.com (Cristal)</author>   <category>Libros</category>   <pubDate>Mon, 20 Feb 2006 00:05:00 -0600</pubDate> <description> &lt;img src=&quot;http://cristalsecrets.blogspirit.com/images/large/defisatprem.jpg&quot;border=&quot;0&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;El desafío&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tengo cosas difíciles de decir.&lt;br /&gt;
¿Qué lenguaje puedo usar?&lt;br /&gt;
En mi celda de Fresnes, al amanecer, cuando oía aquellas botas de la Gestapo en el pasillo, había un silencio ardiente en mi corazón.&lt;br /&gt;
Después de la partida de Madre, no hubo aquel hundimiento que había sentido cuando Sri Aurobindo se fue. Había ese silencio ardiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba ya ante mi pequeña persona interrogándose sobre sí misma y sobre su destino.&lt;br /&gt;
Yo era una mirada desnuda sobre el muro negro de una célula. Escuchaba otras botas que suben por los pasillos del mundo. Estaba yo ante el destino del Hombre, sin más, y la pregunta de la Tierra. ¿Entonces, no hay esperanza? ¿Vamos a comenzar de nuevo de padres a hijos, y las Tablas de la Ley y Euclides, y mil y una insurrecciones para nada, y todos estos horrores en aceleración? ¿Y bebés a millones para empezar otra vez los padres, los abuelos?... Fue como si reviviera la vanidad de todas estas vidas y la muerte de todos los hombres, y su última incógnita. ¿Vamos a comenzar de nuevo en una cuna y empezar otra vez con la misma incógnita? Yo había tenido la «suerte» de morir a lo largo del camino y de vivir al menos con esta pregunta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No, no «la muerte», sino las innumerables muertes y el Sentido de nuestra especie.&lt;br /&gt;
Este Sentido yo lo tenía; no filosóficamente, sino fisiológicamente. Cuando te estás muriendo, no haces filosofía. Estás en plena fisiología convulsiva. Como la Tierra ahora.&lt;br /&gt;
Este Secreto, yo lo tenía; era necesario vivirlo. Era necesario transmitirlo.&lt;br /&gt;
Era una responsabilidad un tanto terrible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, primero, había que salvar este fabuloso documento del caminar de Madre: La Agenda. Había que impedir a cualquier precio que estos pasos a tientas y estos balbuceos de una especie nueva, estos gritos de descubrimiento y estos desgarramientos, cayeran en las garras de una nueva Iglesia. Fue una dura batalla, que no tiene lugar contarla aquí. Giordano Bruno era testarudo, yo también. Hoy ya no hay hogueras, gracias a Dios, pero sí hay asesinos en los barrancos, creo que hay asesinos por todas partes, como había visto ya mi hermano Rimbaud: «Se acerca el tiempo de los asesinos.»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me hicieron falta ocho años para materializar este fabuloso Mensaje de seis mil páginas, e intentar —¡oh. qué prueba!— trazar un camino, una «senda», como se dice en la selva virgen, en medio de aquel cataclismo verde, que no era ya el de la prehistoria, sino el de una historia no nacida todavía, incomprensible para todos.&lt;br /&gt;
Y yo mismo, ¿qué comprendía?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comprender, está muy bien, pero no se comprende verdaderamente más que en la propia piel, como se comprende la mar zambulléndose en ella y desollándose con las rocas, ¿y luego, qué? ¿Seguir escribiendo libros? ¡No se llega a ser una pequeña foca al sol con un manual! Era urgente Llegar a ser. Los «lectores» leerían, abrirían los ojos, quizá, a este Sentido extraordinario. Pero cuando el Imperio se hunde —nuestro Imperio humano—, cuando nuestra Tierra es saqueada como ningún Atila lo había hecho, cuando las consciencias se oscurecen y son invadidas por una hipócrita barbarie, y el crepúsculo cae ya sobre nosotros, ¿no había nada mejor que hacer, sí, hacer, precisamente?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era un desafío... terrible.&lt;br /&gt;
No me atrevía. Y eso me perseguía.&lt;br /&gt;
¿Había tenido yo el privilegio, la gracia, de escuchar a Madre, de conocer a Sri Aurobindo, de haber tocado el secreto de los rishis védicos, simplemente para escribir libros? Si nadie hubiera seguido, jamás, a Cristóbal Colón ni a los vikingos, para nosotros América no existiría, sencillamente. Si nadie se hubiera asfixiado, jamás, en un pantano reseco y hubiera «inventado» la respiración pulmonar, los terrícolas no existiríamos, sencillamente. ¡Era preciso continuar! ¿O no?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me daba vergüenza atreverme, y vergüenza ¿por qué? ¡Porque me parecía tan desmesurado para un hombrecillo!... Pero si ningún hombrecillo continuaba, por pequeño que fuera, por pobre que fuera, por muy mezclado que estuviera como todos los hermanos del barrizal general, ¿qué esperanza podía existir? No hay necesidad de ser «superior» ni superinteligente para dar el paso, el paso de la próxima especie, ni tener virtudes especiales, porque, precisamente, nuestras superioridades y nuestras «inteligencias» y nuestras virtudes son los síndromes de la vieja especie, y no se trata de llegar a ser un «superhombre», sino otra cosa, completamente otra cosa. Se trata de tener valor, eso es todo.&lt;br /&gt;
¡Y una sed muy grande!&lt;br /&gt;
Así que me dije: «¿Y por qué no?» Como cierto Charcot en ruta hacia los mares árticos. El pereció en el mar.&lt;br /&gt;
Pero otros continuaron. </description>  </item>  <item> <guid isPermaLink="true">http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/02/13/los-cuatro-acuerdos-de-don-miguel-ruiz.html</guid> <title>Los Cuatro Acuerdos de Don Miguel Ruiz</title> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/02/13/los-cuatro-acuerdos-de-don-miguel-ruiz.html</link> <author>noreply@blogspirit.com (Cristal)</author>   <category>Libros</category>   <pubDate>Mon, 13 Feb 2006 00:05:00 -0600</pubDate> <description> &lt;img src=&quot;http://cristalsecrets.blogspirit.com/images/large/liberte350.jpg&quot;border=&quot;0&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;EL CAMINO HACIA LA LIBERTAD&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;Romper viejos acuerdos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos hablan de libertad. Distintas personas, diferentes razas y distintos países luchan por la libertad en todo el mundo. Pero ¿qué es la libertad? En Estados Unidos decimos que vivimos en un país libre. Sin embargo, ¿somos realmente libres? ¿Somos libres para ser quienes realmente somos? La respuesta es no, no somos libres. La verdadera libertad está relacionada con el espíritu humano: es la libertad de ser quienes realmente somos.&lt;br /&gt;
¿Quién nos impide ser libres? Culpamos al Gobierno, al clima, a nuestros padres, a la religión, a Dios... ¿Quién nos impide, realmente, ser libres? Nosotros mismos. ¿Qué significa, en realidad, ser libres? A veces nos casamos y decimos que perdemos nuestra libertad, pero cuando nos divorciamos, seguimos sin ser libres. ¿Qué nos lo impide? ¿Por qué no podemos ser nosotros mismos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenemos recuerdos de tiempos pasados en los que éramos libres y disfrutábamos de ello, pero hemos olvidado lo que verdaderamente significa la libertad.&lt;br /&gt;
Si vemos a un niño de dos o tres años, o quizá de cuatro, descubrimos un ser humano libre. ¿Por qué lo es? Porque hace lo que quiere hacer. El ser humano es completamente salvaje, igual que una flor, un árbol o un animal que no ha sido domesticado: ¡salvaje! Y si observamos a estos seres humanos de dos años de edad, descubrimos que la mayor parte del tiempo sonríen y se divierten. Exploran el mundo. No les da miedo jugar. Sienten miedo cuando se hacen daño, cuando tienen hambre y cuando algunas de sus necesidades no se ven satisfechas; pero no les preocupa el pasado, no les importa el futuro y sólo viven en el momento presente.&lt;br /&gt;
Los niños muy pequeños no tienen miedo de expresar lo que sienten. Son tan afectuosos que, si perciben amor, se funden en él. No les da miedo el amor. Ésta es la descripción de un ser humano normal. De niños, no le tenemos miedo al futuro ni nos avergonzamos del pasado. Nuestra tendencia natural es disfrutar de la vida, jugar, explorar, ser felices y amar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero ¿qué le ha pasado al ser humano adulto? ¿Por qué somos tan diferentes? ¿Por qué no somos salvajes? Desde el punto de vista de la Víctima, diremos que nos ocurrió algo triste, y desde el punto de vista del guerrero, diremos que lo que nos sucedió fue normal. Lo que pasa es que el Libro de la Ley, el gran Juez, la Víctima y el sistema de creencias dirigen nuestra vida, y ya no somos libres porque no nos permiten ser quienes realmente somos. Una vez nuestra mente ha sido programada con toda esa basura, dejamos de ser felices.&lt;br /&gt;
Esta cadena de aprendizaje que se transmite de un ser humano a otro, de generación en generación, es muy corriente en la sociedad humana. No culpes a tus padres por enseñarte a ser como ellos. ¿Qué otra cosa podían enseñarte sino lo que sabían? Lo hicieron lo mejor que supieron, y si te maltrataron, fue debido a su propia domesticación, a sus propios miedos y a sus propias creencias. No tenían ningún control sobre la programación que ellos mismos recibieron, de modo que no podían actuar de otra forma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No culpes a tus padres ni a ninguna otra persona que te haya maltratado en la vida, incluyéndote a ti mismo. Pero ya es hora de poner fin a ese maltrato. Ya es hora de que te liberes de la tiranía del Juez y de que cambies los fundamentos de tus propios acuerdos. Ya es hora de que te liberes del papel de Víctima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tu verdadero yo es todavía un niño pequeño que nunca creció. En ocasiones, cuando te diviertes o juegas, cuando te sientes feliz, cuando pintas, escribes poesía o tocas el piano, o cuando te expresas de cualquier otro modo, ese niño pequeño reaparece. Estos son los momentos más felices de tu vida: cuando surge tu yo verdadero, cuando no te importa el pasado y no te preocupas por el futuro. Entonces eres como un niño. </description>  </item>  <item> <guid isPermaLink="true">http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/02/06/los-cuatro-acuerdos-de-don-miguel-ruiz.html</guid> <title>Los Cuatro Acuerdos de Don Miguel Ruiz</title> <link>http://cristalsecrets.blogspirit.com/archive/2006/02/06/los-cuatro-acuerdos-de-don-miguel-ruiz.html</link> <author>noreply@blogspirit.com (Cristal)</author>   <category>Libros</category>   <pubDate>Mon,  6 Feb 2006 00:05:00 -0600</pubDate> <description> &lt;img src=&quot;http://cristalsecrets.blogspirit.com/images/large/maximum350.jpg&quot;border=&quot;0&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;El cuarto acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo hay un acuerdo más, pero es el que permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados. El Cuarto Acuerdo se refiere a la realización de los tres primeros: &lt;em&gt;Haz siempre lo máximo que puedas&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bajo cualquier circunstancia, haz siempre lo máximo que puedas, ni más ni menos. Pero piensa que eso va á variar de un momento á otro. Todas las cosas están vivas y cambian continuamente, de modo que, en ocasiones, lo máximo que podrás hacer tendrá una gran calidad, y en otras no será tan bueno. Cuándo te despiertas renovado y lleno de vigor por la mañana, tu rendimiento es mejor que por la noche cuándo estás agotado. Lo máximo que puedas hacer será distinto cuándo estés sano que cuándo estés enfermo, o cuándo estés sobrio que cuándo hayas bebido. Tu rendimiento dependerá de que te sientas de maravilla y feliz o disgustado, enfadado o celoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En tus estados de ánimo diarios, lo máximo que podrás hacer cambiará de un momento á otro, de una hora á otra, de un día á otro. También cambiará con el tiempo. A medida que vayas adquiriendo el hábito de los cuatro nuevos acuerdos, tu rendimiento será mejor de lo que solía ser.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Independientemente del resultado, sigue haciendo siempre lo máximo que puedas, ni más ni menos. Si intentas esforzarte demasiado para hacer más de lo que puedes, gastarás más energía de la necesaria, y al final tu rendimiento no será suficiente. Cuándo te excedes, agotas tu cuerpo y vas contra ti, y por consiguiente te resulta más difícil alcanzar tus objetivos. Por otro lado, si haces menos de lo que puedes hacer, te sometes á ti mismo á frustraciones, juicios, culpas y reproches.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Limítate á hacer lo máximo que puedas, en cualquier circunstancia de tu vida. No importa si estás enfermo o cansado, si siempre haces lo máximo que puedas, no te juzgarás á ti mismo en modo alguno. Y si no te juzgas, no te harás reproches, ni te culparás ni te castigarás en absoluto. Si haces siempre lo máximo que puedas, romperás el fuerte hechizo al que estás sometido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había una vez un hombre que quería trascender su sufrimiento, de modo que se fue á un templo budista para encontrar á un maestro que le ayudase. Se acercó á él y le dijo: «Maestro, si medito cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?». El maestro le miró y le respondió: «Sí meditas cuatro horas al día, tal vez lo consigas dentro de diez años».&lt;br /&gt;
El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo: «Maestro, y si medito ocho horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?».&lt;br /&gt;
El maestro le miró y le respondió: «Si meditas ocho horas al día, tal vez lo lograrás dentro de veinte años».&lt;br /&gt;
«Pero ¿por qué tardaré más tiempo si medito más?», preguntó el hombre. &lt;br /&gt;
El maestro contestó: «No estás aquí para sacrificar tu alegría ni tu vida. Estás aquí para vivir, para ser feliz y para amar. Si puedes alcanzar tu máximo nivel en dos horas de meditación, pero utilizas ocho, sólo conseguirás agotarte, apartarte del verdadero sentido de la meditación y no disfrutar de tu vida. Haz lo máximo que puedas, y tal vez aprenderás que independientemente del tiempo que medites, puedes vivir, amar y ser feliz».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si haces lo máximo que puedas, vivirás con gran intensidad. Serás productivo, y serás bueno contigo mismo porque te entregarás á tu familia, á tu comunidad, a todo. Pero la acción es lo que te hará sentir inmensamente feliz. Siempre que haces lo máximo que puedes, actúas. Hacer lo máximo que puedas significa actuar porque amas hacerlo, no porque esperas una recompensa. La mayor parte de las personas hacen exactamente lo contrario: sólo emprenden la acción cuándo esperan una recompensa, y no disfrutan de ella. Y ese es el motivo por el que no hacen lo máximo que pueden. </description>  </item>  </channel> </rss> 